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jueves, 21 de junio de 2012

Lo ideal y lo real


El defecto básico de toda ideología, es que aspira a alcanzar un elevado ideal que no se cumple nunca, y ésta es la condición que tiene para existir y darle forma a la "identidad" que evoca.
Si la persona aspira a realizar tal ideal, es porque no lo vive. Esta aspiración es algo básico, y su origen se halla en la -relativa- pureza que un infante tiene. Atención: en esta fase primigenia, todos los seres humanos se asemejan. Y no existe bebé o preescolar alguno que sea “malo”. A lo sumo es un niño que se “oscurece”, al ser pisoteada su aspiración (su "misión) natural y benigna.
Así como el niño va “aprendiendo” a ser sumiso y/o reaccionario, a artificializarse, culturarse y diferenciarse, familiar y socialmente… por extensión, los jóvenes y adultos, al intentar realizar los ideales políticos con los que se identifican, se topan con limitaciones que creen externas, pero en realidad son propias dado ese oscurecimiento paulatino que sufrieron y asumieron como “normal”. Se amontonan bajo banderas y comunidades, por afinidades culturales, históricas, étnicas. Y así, como no pueden cumplir ese ideal elevado por las buenas, lo intentan a la fuerza, o sea, por las malas, alejándose del "elevado ideal".