Mostrando las entradas con la etiqueta consenso. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta consenso. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de junio de 2012

Lo ideal y lo real


El defecto básico de toda ideología, es que aspira a alcanzar un elevado ideal que no se cumple nunca, y ésta es la condición que tiene para existir y darle forma a la "identidad" que evoca.
Si la persona aspira a realizar tal ideal, es porque no lo vive. Esta aspiración es algo básico, y su origen se halla en la -relativa- pureza que un infante tiene. Atención: en esta fase primigenia, todos los seres humanos se asemejan. Y no existe bebé o preescolar alguno que sea “malo”. A lo sumo es un niño que se “oscurece”, al ser pisoteada su aspiración (su "misión) natural y benigna.
Así como el niño va “aprendiendo” a ser sumiso y/o reaccionario, a artificializarse, culturarse y diferenciarse, familiar y socialmente… por extensión, los jóvenes y adultos, al intentar realizar los ideales políticos con los que se identifican, se topan con limitaciones que creen externas, pero en realidad son propias dado ese oscurecimiento paulatino que sufrieron y asumieron como “normal”. Se amontonan bajo banderas y comunidades, por afinidades culturales, históricas, étnicas. Y así, como no pueden cumplir ese ideal elevado por las buenas, lo intentan a la fuerza, o sea, por las malas, alejándose del "elevado ideal".

martes, 3 de enero de 2012

Política, cultura y humanidad



Mucha distancia de la última vez que subí la entrada “sobre la política y banderas”. Hoy le haría muchos cambios y ajustes. En aquel entonces, apenas estaba sumergiéndome a analizar la temática de toda “la cosa política”.


Más allá de la política

Me quemaba la cabeza intentado entender o encontrar una solución al perpetuo conflicto social… Intentaba hacer una clase de “futurología” sobre lo que podría llegar a ocurrir a nivel político, económico, etc… Incluso busqué en las secuencias de acontecimientos históricos para dar con algún patrón. No podría decir que fue necesario tanto pensar y pensar obsesivamente, si en definitiva lo que me motivaba eran ansias de control y poder sobre todo aquello que me resultaba amenazante y un constante peligro inminente.  A esto venía la futurología: intentar encontrar algún indicio de que las cosas al final iban a estar bien. Que a pesar de las turbulencias, ese mundo externo iba a llegar a ser tolerable, sin considerable pérdida… que el lugar o rol que iba a ocupar sería, al menos, suficientemente “seguro”.

En fin. Tampoco fue completamente inútil. La integración me llevó a empezar a dejar todo eso. Soltarlo. Las fronteras entre los conflictos, semblantes y devenir propio de cada dominio particular (político, religioso, ideológico, económico, cultural, etc.) comenzaron a disolverse convergiendo en cuestiones básicas de la humanidad toda.

Cualquier política que se pretenda efectiva para lograr el bien común no puede aislarse como disciplina aparte, ni dominar sobre otras. Pero, tampoco esto es suficiente por si mismo.